martes, 27 de abril de 2010

Carta a dos destinatarios

No condeno al amor, lo único que condeno es a ese amor que causa daño a los demás, e incluso, a una persona que tiene más amor para dar que esa persona a quien dices amar en la actualidad. No te juzgo si se te acabó el amor, no te juzgo por qué no soy nadie para juzgarte, lo único que te reprocho es que hiciste poco o nada para mantener ese sentimiento que habitaba en tu corazón. Ahora dices que la quieres y que siempre la vas a querer, pero ¿por qué no se lo dijiste todos los días al despertar? quizás cometiste un error al no decírselo. En este caso, tu querer en silencio, puesto que no lo dijiste a su debido tiempo, no fue una manera noble y elegante de querer, porque cuando uno quiere en silencio lo demuestra sin decirlo, pero lo expresa de diferentes maneras haciéndole saber a esa persona que realmente la quieres sin la necesidad de decir ni una palabra. Lamentablemente, a pesar que tienes buenas intenciones y que la amabas de verdad, tu demostrar fue tan mínimo o quizás no lo haya visto cual miope que no ve el amor que está a su alrededor, y me atrevo a decir que tal vez ella nunca sintió de verdad lo tanto que la amabas y que ahora no siente para nada lo tanto que la quieres, y si algún día sintió tú amor brotando cual agua de cántaro que se sirve en la mesa, habrá sido hace mucho tiempo y antes que les atrape el sedentarismo, costumbrismo, hábito, rutina o como quieras llamarlo.

No te juzgo si decidiste aunque quizás no decidiste pero quisiste amar a otra persona tal vez para combatir la soledad y la rutina, total, amar no es pecado, pero fíjate en las circunstancias y en qué cosas ya ocasionaron o qué cosas puede ocasionar ese amor fortuito que ahora llevas. Y si hablamos de soledad, cuando una persona te ama de verdad, por más rutina que sea, jamás estás solo, al contrario, estás acompañado de su cariño y de su afecto. Aunque hay que ser claros, ambos no se demostraron lo suficiente ni con palabras ni con hechos lo tanto que les motivó el juntarse, ya que ser mártires del trabajo y sacrificarse por alguien no es un verdadero acto que eleva a los seres humanos hacía el afecto, ya que el sacrificio puede estar influenciada por diferentes razones como la obligación, ocasionando que ambos sientan el sacrificio no como un acto de amor, sino de compromiso haciendo que pierda su real valor, por eso los famosos dichos del “no valoras lo que hago por ti” cobran mayor fuerza cuando una persona da más sacrificio de lo que puede o debe dar, por lo tanto, da más de lo que recibe.

Hay personas que dan poco, y hay otros que dan demasiado, como también hay los que dan poco a los que dan demasiado y estos a su vez dan demasiado a los que dan casi nada. Un caos por completo que genera un desequilibrio y una injusta reciprocidad que llega a la crueldad, excluyendo claro los actos de caridad. Pero vayamos al tema central, ya para finalizar, no te juzgo la infidelidad, total, no soy quién para juzgarte. Lo que sí es reprochable es que no se lo dijiste antes que le seas infiel, (haber si hubieras tenido el valor de serlo), y te escribo todo esto porque sí soy quién para reprocharte o por lo menos para cuestionarte, o ¿hubieras preferido que tú mismo te reproches y te cuestiones?