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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Confesiones del más allá

Nos estábamos besando. La pasión fluía por nuestras venas en torrentes cuantiosos, en arroyos de cariño expresados en un par de labios y en un abrazo. Mis manos se paseaban por su dorso, mi tacto descubría la desnudez de su piel suave y delicada de su esbelta figura. Quería hacerle el amor, ya era tiempo de hacerlo, era un mes de relación y ambos queríamos ir al siguiente paso. Su cuerpo estaba a mi disposición, ambos estábamos con deseos de concretarlo. Me deshice de lo que no servía, la ropa estorba cuando dos cuerpos se desean. Ella se dejó llevar como agua en el mar, aunque un poco ruborizada porque estaba en la virginidad. Un tanto nerviosa la noté, pero así y todo hicimos lo que todas las parejas hacen cuando se quieren y cuando desean ir a la intimidad. Nuestros cuerpos se rozaron, se comunicaron, se conocieron. Entraron en confianza y en un diálogo ameno de comprensión. Nos unimos y entramos en lo más íntimo de nuestro yo, en la máxima escala de lo que significábamos los dos. …

Velocidad mortal.

El jumbo corría a velocidad demoníaca. Los policías nos perseguían amenazantes y con ganas de joder la vida. Yo estaba atrás del jumbo, en la ventana veía a los patrulleros sonando sus silbatos en su intento de detenernos. “Coimeros de mierda” grito con todas mis fuerzas. Me escondo y bajo la cabeza. No quería que me descubrieran. Los tombos nos seguían. El conductor del jumbo no respetaba los semáforos y casi atropella a un grupo de tarados. La gente alarmada gritaba. Yo estaba en mi mundo disfrutando de la persecución que me ponía en un éxtasis y en una adrenalina jamás sentida. Fumo un troncho para disfrutar más de la carrera y tener más coraje para enfrentar varias peleas.

“Detén el jumbo huevón” gritó un viejo, que en su intento de detener al chofer, recibió un golpe en el cráneo de parte mía, el viejo cayó desmayado y ensangrentado. El cobrador me resguardaba. Combatimos con los pasajeros, primero con los hombres y le sacamos la mierda. Algunas señoras lloraban, otras desmayadas…